miércoles, 2 de junio de 2010

Bicentenario de la Independencia de México: Reconocimiento de la Independencia de México por España; Don Agustín de Iturbide.

Recopilación de Leyes, Decretos, Bandos, Reglamentos, circulares y providencias de los Supremos Poderes y otras autoridades de la República Mexicana. Formada de orden del Supremo Gobierno por el Lic. Basilio Jose Arrillaga. Comprende este tomo todo el año de 1838. Imprenta de José M. Lara, México, 1842.

Aunque está muy difundida la fecha de 1836 como la fecha en que España reconoce la Independencia de México, y ciertamente en esa fecha ministros de ambas naciones suscriben el Tratado de paz y amistad entrambas, que distendió las relaciones entre España y México, no fue sino hasta 1838 cuando dicho tratado adquiere valor legal, tras la ratificación de los dos gobiernos, principiando por el Español, por la obvia razón de que es el Estado obligado al reconocimiento, y, a continuación, por el Mexicano. Y, ya ratificado por las dos partes, entra en vigor. Por lo cual, el 28 de febrero se 1838 se expide este Tratado como norma mexicana (pp. 67-73):
[pp. 66-67:]

[pp. 68-69:]
[pp. 70-71:]

[pp. 72-73:]

Con la antedicha ratificación, la Independencia mexicana es incuestionable, por lo cual queda plenamente consumada: de facto y de iure; id est de hecho y de derecho.
Entonces, como manifestación ostentosa de ese reconocimiento consumador, el gobierno mexicano prepara la celebración del aniversario de la Independencia el 27 de septiembre (efeméride de la Independencia de facto) con la entrada en triunfo de los restos del Libertador, Don Agustín de Iturbide.
Decreto de 6 de agosto de 1838, Sobre que las cenizas de Iturbide se trasladen a la capital y se coloquen en el lugar destinado a los héroes, p. 299:
[pp. 298-292 [sic: 299]]


20 de octubre de 1838, Reglamento a observar en las honras fúnebres de Iturbide, pp. 395-399:
[pp. 394-395:]


[pp. 396-397:]
[pp. 398-399:]



Amén de un hecho histórico que no se habría de ocultar, en tanto no derogada expresamente la legislación que atañe a él, Don Agustín de Iturbide, satanizado por algunos historiadores y políticos, y por quienquiera que no haya leído su Manifiesto al Mundo, o sean Apuntes para la Historia, a la luz de las convulsiones que sacudieron el siglo XIX mexicano después de su muerte, otrora empleado como oportuna bandera para causas que no fueron las suyas y con las que mal se asocia, es el Libertador de México y es Héroe de la patria, a pesar de cometer el crimen de militar en el bando perdedor. Pero creo que doscientos años deberían ser suficientes para mirar su figura con desprendimiento de las posturas partidistas de su tiempo, y evitar juzgarlo anacrónicamente por las posturas partidistas de hoy.
Figuras más polémicas, incluso, y sobre todo, para el statu quo presente, se han rescatado sin mayores manifestaciones de horror.