miércoles, 9 de junio de 2010

El amor y la muerte en una poesía castellana.

El Eclesiastés indagaba por las contradicciones en la vida, pero tal no es exclusiva ocupación de él. Todos nos hemos preguntado por qué el malvado medra cuando el bueno se hunde, y cosas como esas. Y cuando toca al amor y a la muerte, ¿quién no se ha preguntado por qué los viejos enloquecen de amor y por qué los jóvenes se matan de amor? O, ¿cómo el anciano perdura y se lleva, o no, la chica, mientras el joven amante muere?
Alguien tuvo una ingeniosa explicación para esos accidentes de la vida: por qué a los viejos les da por enamorarse y a los jóvenes matarse cuando se enamoran.
Les leía a mis hijos (padre desnaturalizado, que no les lees Harry Potter), cuando:
[227]
Topáronse en una venta
La muerte y amor un dia
Ya despues de puesto el sol,
Al tiempo que anochecia.
[228]
A Madrid iba la muerte,
Y el ciego amor á Sevilla,
A pie llevando en los hombros
Sus caras mercaderías.
Yo pensé, que iban huyendo
Acaso de la justicia;
Porque ganan á dar muerte
Entrambos á dos la vida.
Y estando los dos sentados,
Amor á la muerte mira;
Y como la vió tan fea,
No pudo tener la risa.
Y al fin la dixo riendo;
Señora no sé que os diga,
Porque tan hermosa fea
Yo no la he visto en mi vida.
Corrida la muerte de esto,
Puso en el arco una vira,
Y otra en el suyo Cupido,
Y hácia fuera se retiran.
Con un lanzon el ventero
De por medio se metia,
Y haciendo las amistades
Cenáron en compañía.
Fuéles forzoso quedarse
A dormir en la cocina,
[229]
Que en la venta no habia cama,
Ni el ventero la tenia.
Los arcos, flechas y aljavas
Dan á guardar á Marina,
Una moza, que en la venta
A los huespedes servia.
Aun no ha bien amanecido,
Quando amor se despedia,
Sus armas al huesped pide,
Pagando lo que debia.
El huesped le da por ellas
Las que la muerte traia,
Amor se las echó al hombro,
Y sin mas mirar, camina.
Desperto despues la muerte,
Triste, flaca, y desabrida;
Tomó las armas de amor,
Y tambien hizo su guia.
Y desde entónces acá
Mata el amor con su vira
Mozos, que ninguno pasa
De los veinticinco arriba.
A los ancianos, á quien
Matar la muerte solia,
Ahora los enamora
Con las saetas que tira.
[230]
Mirad qual está ya el mundo,
Vuelto lo de abaxo arriba;
Amor por dar vida, mata,
Muerte por matar, da vida.

Poesías escogidas de nuestros cancioneros y romanceros antiguos. Continuacion de la colección de D. Ramon Fernandez. Tomo XVII. Contiene Los romances heroycos, los jocosos, y las letrillas. Imprenta Real, Madrid, 1796, pp. 227-230.
[Parte quinta: Romances jocosos, XII.]
(Se respetan la ortografía y la puntuación del original.)