sábado, 21 de enero de 2012

Carta abierta sobre la escritura y publicidad de mi ensayo sobre La Jornada, y en relación a su venta en Amazon.com.

Un evento reciente, la publicación en Amazon.com de una copia de mi ensayo sobre La Jornada, bien en algún estadio de su desarrollo, bien de algún ejemplar que preparé destinado a cierto público, ha precipitado esta nota como yo no hubiera querido.
Es importante advertir que este ensayo ha sido colocado en Amazon de manera oportunista: en primer lugar, en un contexto político álgido; en segundo, después del fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de 23 de noviembre de 2011 adverso a la reclamación de La Jornada contra Letras Libres; y por último, sin declarar quién lo hizo, sino anteponiendo al autor en la línea de fuego.
El responsable se oculta en las sombras.
Las mismas razones por las cuales mi ensayo no ha sido publicado, movieron a alguien a publicarlo arteramente, sin mi conocimiento y sin mi consentimiento. Más vil por cuanto había aspirado a lucrar con él.
El 3 de enero de 2012, un representante de Amazon respondió mi queja en los siguientes términos:
«Dear Mr. Navarro,
Thank you for your message. Please be advised that we are in the process of removing the following items from Amazon.com:
"Recuerda la cêdula real para que en Mêxico se hable sôlo castellano.: An article from: Proceso" ASIN: B005EVIH0K
"Estudio sobre los lectores de La Jornada, y de la relacion que ellos sostienen con el diario, producido a partir del libro La Jornada de los lectores, 1999." ASIN: B0068P9DTU
It typically takes 2-3 days for a listing to disappear once it has been removed from our catalog. We trust this will bring this matter to a close.
Best Regards,
Anne Tarpey
Copyright/Trademark Agent
Amazon.com»

A pesar del compromiso así contraído conmigo, la versión de mi ensayo sigue a la venta, aunque, por el momento no esté disponible.

No puedo seguir más allá, pues no tengo recursos económicos para entablar una confrontación que, además de lastimar mi naturaleza amigable, aclare o rectifique este triste evento.

Pero no agobiaré al lector con mis penurias personales.

Por incidentes como el que denuncio, he abandonado este espacio para publicar frivolidades.

Es asaz paradójico que un ensayo tan rechazado por varias editoriales haya tenido este fin. No siento enojo porque haya sido rechazado por las editoriales. Ellas no están obligadas a publicarlo. Además, comprendo que desde la perspectiva de ellas un libro no tenga derecho a existir si no contase con consumidores, reales o potenciales. En ese sentido, la virtud de un libro no es que sea bueno, sino que sea una buena mercancía. Los lectores decidirán si será bueno, pero no las editoriales. El autor no debería preocuparse porque su libro sea mala mercancía si no ha de venderlo. Sin embargo, sí es lícito que el autor se moleste al percibir que han procurado detener la difusión de su obra el mayor tiempo posible. Una circunstancia lo ilustra muy bien.

La Editorial Era, tras diez meses de estudio, rechazó mi ensayo con esta nota el 4 de enero de 2012:
«Estimado Rainer Hurtado,
Antes que nada deseamos agradecerle el habernos considerado para la publicación de su libro La Jornada para los lectores: Estudio sobre los lectores de La Jornada, y de la relación que ellos sostienen con el diario, producido a partir del libro La Jornada de los lectores, 199. Luego de someterlo a las lecturas habituales de nuestro consejo editorial, no se logró la unanimidad necesaria para recomendar su publicación. Lamentamos comunicarle esta noticia pero es muy importante para nosotros que sepa que su libro fue leído con atención e interés. El criterio de unanimidad que nos imponemos puede ser injusto, pero es la norma que se ha aplicado desde siempre en la editorial, debido a que el número de originales que nos llega es muy grande y nuestra capacidad de publicación es reducida.
Sin más por ahora, agradecemos nuevamente su interés en Ediciones Era y le hacemos llegar un cordial saludo.
Atentamente
Elena Enríquez
Ediciones Era
P.D. Su original estará disponible en nuestra recepción durante dos semanas, contadas a partir de este día, en caso de no pasar por él procederemos a su destrucción. Gracias de antemano por su comprensión.»

Cuando fui por el original el 9 de enero de 2012, un joven me devolvió mi impreso. Fue una situación incómoda. Mi original tan leído estaba sin leer. El propio muchacho carecía de seguridad y de palabras. Con cortesía le agradecí y le comenté como algo gracioso que las editoriales rechazasen mi trabajo, pero alguien lo colgase en Amazon, como fruta del árbol. Reservé mi indignación para los destinatarios correctos:
«Elena Enríquez y Andrea van Rankin:
Ante todo, saludos.
Apenas decido los términos agridulces con los cuales quiero dirigirme a ambas.
Quien escribe, tomó con cierta satisfacción las palabras con las que la primera suscribió el rechazo antes remitido: lecturas, falta de unanimidad, leído con atención e interés... Hay un toque enfático en ellas: un "quiero que sepa..."
Ayer en la mañana recogí de la oficina de Era el ejemplar que dejé hace poco más de diez meses para su lectura. A la vista de su estado impecable, no puedo menos de alternar entre la ponderación del sumo cuidado que han puesto en su conservación (¡que nadie lo toque!) y la contrariedad, pues en todo mi libro tiene la apariencia de nunca haber sido abierto.
El engargolado virgen, las carátulas lustrosas, los cantos de un blanco impecable, las páginas impolutas, los pliegues sin contrariar de las hojas apaisadas, no mienten.
A diferencia de todos los ejemplares que desde el 2008 he distribuido, este me ha sido devuelto nuevo.
No hay marcas de que haya sido leído; mucho menos leído con atención o interés.
Conservaré dicho ejemplar para mí.
La franqueza es una virtud que aprecio.
Ha sido una experiencia aleccionadora.
Gracias.
Rainer Hurtado Navarro»

No fui respondido.

Debo decir a favor de Andrea van Rankin que durante varios meses fue una amable y seria interlocutora, y que tuvo la dignidad de no suscribir una carta tan contraria a la verdad.

Es obvio que hasta ahora las editoriales no han tratado mi libro como ellas deberían tratarlo. Por ello, me dirijo a los lectores, que lo tratarán como ellos sólo saben hacerlo.

Quizás nunca sepa si mi libro será buena mercancía, pero seguramente sabré su calidad.

En realidad, fueron las repetidas instancias de un amigo las que me impulsaron a buscar su publicación.

Es prudente explicar el contenido de mi ensayo, entonces.

Algunos parecen haber olvidado la crisis de la llamada izquierda mexicana subsecuente a las elecciones de 2006. Yo nunca encontré explicada de manera satisfactoria la descomposición del PRD. Tampoco, la postura de algunos actores políticos. Las permutaciones de militantes entre los partidos no pueden reducirse a meros actos de deslealtad, oportunismo y traición, pues quedarán reducidas a eventos incomprensibles o arbitrarios, imposibles de comprender sistemáticamente. Aclaradas las alianzas, aparentes y reales, de ciertos grupos políticos con ciertos grupos económicos, ¿a qué grupos económicos representa la llamada izquierda y cuáles alianzas sostiene? Nunca fue demostrada en qué consistía la falacia de la derecha de hacer de esa izquierda, o de Obrador, un peligro para México.

Desde entonces, yo advertía un proceso, dentro del cual la descomposición de la izquierda jugaba un grande papel, que podría llevar a la entrega del Ejecutivo de manos del PAN al PRI, por las mismas razones por las que antes fue factible transferirlo a la inversa.

Entre diciembre de 2007 y el 27 de enero de 2008 escribí mi ensayo. No pudo ser publicado.

Antaño, recibí las siguientes objeciones: mi trabajo hace uso de una muestra (el epistolario publicado por La Jornada en 1999) no válida, cancelando apriorísticamente cualquier posibilidad de validarla; que mi trabajo hace uso de instrumentos no válidos en la investigación en ciencias sociales, y, en particular, en historia; que mi trabajo no respeta las fronteras disciplinarias (y, por consiguiente, no cabe en alguna de ellas); que mi trabajo padece de ausencia de fuentes válidas; y, como convergencia de todas las anteriores, la negación apriorística de que pueda conocerse algo en absoluto, cual si los datos que presento proviniesen ex-nihilo. ¡Cómo si la propia nada no pudiese ser estudiada! La nada, en tanto negación del algo, es estudiable como no-algo; o sea, por el algo conoceremos el vacío de su desaparición. No niego la posibilidad de inexactitudes, pero los resultados avanzan mucho más allá que el negar la posibilidad de saber, o no saber en absoluto.

El texto circuló, empero, dentro de un grupo muy limitado de personas, un resumen de hasta 39 páginas, en dependencia de si éste incluyese entre ellas algún índice, la lista de corresponsales publicados en la antología, y fragmentos de la presentación y del bosquejo histórico que escribí.

Parece que no fueran de fecha reciente los delirios aliancistas de ciertos grupos dentro de esa izquierda, o la tolerancia de La Jornada hacia esa postura; e, inclusive, cierta disociación del periódico respecto al grupo obradorista, mientras ponía la vista sobre quien parecía ser el próximo en ciernes, Ebrard, quien tenía lazos con los grupos opuestos a Obrador. Los obradoristas formaron su propio órgano, Regeneración, a pesar de cierta permeabilidad entre éste y La Jornada. ¿Por qué?

La publicidad a favor del PRI (“PRI: La Fuerza de México”) en el portal de La Jornada en Internet no puede considerarse desprovista de ideología. Durante más de una década La Jornada ha rechazado la publicidad de otros partidos, diferentes a aquéllos con los que tiene intereses firmes. Luego, no estamos ante una manifestación pura de pluralidad, sino, antes bien, de lo que he definido como comensalismo; término que los biólogos comprenderán sin antes leer mi texto. Es más, ante la posibilidad de la victoria de Peña Nieto, yo diría que el periódico trata de cruzar el río, pero cuida no mojar la ropa.

La Jornada es una empresa. Las empresas hacen dinero, o quiebran.

Poco a poco, en esta provincia de la humanidad, se establecía una transformación cualitativa en el pensamiento, cuyo establecimiento apenas se vislumbraba en 2008, y que coadyuvó a la aceptación de mi trabajo: En 2008 los órganos convencionales de información, con independencia de que tuviesen una proyección en Internet, eran las fuentes autorizadas por excelencia. La creciente dependencia de los medios noticiosos de las contribuciones de los usuarios de Youtube, Facebook, Twitter, y de otros orígenes, ha puesto aquéllos en crisis como productores de las noticias y de la información. Esta situación libera de la rigidez exagerada la selección de las fuentes de información y pone en acción el criterio del seleccionador. Con certeza, la aceptación de mi recurso a la información sobre los dominios en la actualidad guarda relación con lo anterior.

El resumen hice público el 14 de diciembre de 2010. Después de tanta contrariedad, en aquella fecha parecía no haber sentido en revisarlo o de completarlo. Empero, el siguiente hito de este trabajo fue el VII Encuentro de Historiadores de la Prensa en Iberoamérica, cuya convocatoria fue emitida el 15 de diciembre de 2010, la cual fue el estímulo faltante para que me aplicase a su revisión y lo actualizase cuanto fuera posible.

Entre el 10 de enero de 2011 y el 14 de abril de 2011 revisé mi ensayo con los recursos limitados de mi biblioteca privada.

Fruto de esta revisión son las discretas variaciones de los datos que hube aportado cada vez, que en nada modifican las conclusiones, salvo en hacer más precisas mis primeras afirmaciones en la medida en que ganaban exactitud, mientras no hube terminado una revisión final del trabajo. Durante ese mismo período, La Jornada re-estructuró sus portales en Internet, lo cual me permitió ampliar mis observaciones y precisar la conclusión que resulta de ellas, compensando así la limitación de los instrumentos de exploración empleados, cuya crítica ocupa varias páginas.

En la ponencia que leí el 9 de abril de 2011, durante el VII Encuentro de Historiadores de la Prensa en Iberoamérica, en la Universidad Veracruzana, Boca del Río, Veracruz, que es un resumen del capítulo final de mi ensayo, expuse la naturaleza burguesa de la llamada izquierda mexicana de hoy.

Por eso el 7 de julio de 2011 escribí (y me repetí el 3 de agosto de 2011, y el 13 de octubre de 2011):
«Sería harto extenso explicar las causas últimas del fracaso del PRD reciente, pues en esencia conciernen a la definición ideológica de la llamada izquierda mexicana. Por esa vía es posible explicar empleando un modelo teórico las crisis de su militancia y las fluctuaciones en las preferencias del electorado, y se revelaría que este es un proceso sazonado y que este momento se ha preparado por largo tiempo, en lugar de ser una crisis súbita.
Allende cuán peligroso sea abordar el asunto ahora, pues no se limitará a ser doloroso, es peor cerrar los ojos a la realidad: el 2012 está cerca.
En realidad la cisma del PRD, que emergió como la mayor fuerza política mexicana en 2006, es la responsable del fortalecimiento del PRI.»

El lector advertirá la importancia de las fechas, y en grande medida ellas anclan mi ensayo en un contexto. No obstante, sin considerar cuándo fuera escrito y revisado, ninguna de mis afirmaciones han perdido su singularidad, ni perdurabilidad.

Aunque, estoy seguro, algunas voces tratarán de minimizarlo: ¿Quién, además del autor, puede corroborar lo anterior y dejar constancia de que él no está tomándonos el pelo al reunir observaciones que bien pudo deducir de las noticias de ayer? Y aún concediendo al autor haber sido pionero en esas reflexiones, ¿quién ha leído su ensayo? Y ahora que es ampliamente público, ¿qué valor tiene, si pareciera retratar un futuro diferente al que hoy es un presente?

¡Oh, cuánta ignorancia! En verdad, aunque nunca publicado, muchas personas están al tanto de su existencia, y podrían corroborar cuanto he dicho. Cosa diferente es que tengan la disposición de hacerlo. Podrán juzgar cuánta influencia haya tenido mi ensayo al estudiar los hitos más relevantes en su difusión. Y si alguien cree que el futuro del que alerta mi ensayo es diferente al presente, le responderé que son diferencias superficiales que no afectan la esencia del futuro consumado, sino consisten en cierto éxito de los protagonistas en conjurar algunos escenarios.

El lector a través de Internet de La Jornada se encuentra a menudo con la supresión de las páginas que corresponden a noticias, que por su tenor sugiere que alguno ha confundido la purga de noticias incómodas con la supresión de hechos inquietantes.

Hay que recordar. Y si fallase la memoria, quizás aún exista un rastro. En mi historial reciente y en mis marcadores, tengo algunos enlaces que ya no existen. Por ejemplo, en el caso de la noticia sobre el acuerdo entre Ebrard y Beltrones para formar un gobierno de coalición podría aducirse que fue una noticia infundada. A lo que se me ocurre responder que, a pesar de infundada, fue noticia. ¿Por qué borrarla? ¿Por qué no vincular en esa página la otra, que tampoco aparece, que desmiente la primera, bajo un apartado de “noticias relacionadas”, como es práctica? Hablamos de dos noticias desaparecidas. En el mejor de los casos, reubicadas. ¿Ministry of Truth?

Me detengo, porque la realidad hoy ya está muy rica en asociaciones paradójicas, que podrían llevar por derroteros mal intencionados: Ministry of Love.

No obstante a que pocas de las personas entre las que se ha difundido mi ensayo han compartido conmigo sus experiencias, o sus opiniones sobre el texto, tengo fuertes motivos para creer que mi ensayo ha influido en algunas acciones y declaraciones de la llamada izquierda mexicana desde marzo de 2011. Inclusive, me atrevería a afirmar que la vuelta a cierta apariencia de pluralismo en La Jornada y algunas maniobras de la izquierda dividida están motivadas por mis notas. Empero, acaso lo más importante sea que los eventos y las declaraciones subsecuentes a dicha fecha (entre las que valen destacar las reiteradas garantías al sector empresarial y el llamado derecho de admisión, por Obrador) han venido a corroborar mis intuiciones.

El movimiento de Obrador ha perdido su radicalización.

Por último, ante algunas insinuaciones de que este trabajo fuese financiado por alguno, quiero dejar constancia aquí que lo fue por nadie, y que si tan mala fortuna y parto ha tenido ha sido porque sólo ha tenido luz con la poca electricidad de mis neuronas. Quien me ha sugerido que he mercado mis convicciones es cierto que no debe saber leer; o, sabiendo, no comprende, pues sólo basta para replicar la pregunta: ¿quién haya que me pagase por decir lo que he dicho? Que no tengo padrinos, porque ni he ido a buscarlos, ni he estado dispuesto a mudar el texto por atraer alguno.

Pero haré más que dirigirme con las manos vacías al lector: a continuación sigue anexa la ponencia que leí el 9 de abril de 2011, durante el VII Encuentro de Historiadores de la Prensa en Iberoamérica, en la Universidad Veracruzana, Boca del Río, Veracruz.

Hago una última observación, en la sesión de preguntas que siguió a la presentación en el VII Encuentro de Historiadores de la Prensa en Iberoamérica, sólo recibí una pregunta académica que fuese apropiada a la convocatoria, de Fausta Gantú, concerniente a la certeza de conocer al lector arquetípico a través del análisis del periódico, a lo que respondí afirmativamente. El resto de las preguntas fueron políticamente motivadas y giraron en torno a la publicidad privada y las inserciones pagadas por TELMEX en La Jornada por aquél entonces. No eran apropiadas para la convocatoria, y la prudencia me dictó eludirlas. Me limité a hacer notar que la importancia de la publicidad privada ha sido notable durante toda la existencia del órgano, por lo cual la sobresaliente presencia de la publicidad de TELMEX era históricamente contingente.

La correspondencia publicada como fabricación de una opinión pública
[Ponencia leída el 9 de abril de 2011, en el marco del VII Encuentro de Historiadores de la Prensa en Iberoamérica]
La aparición de todo órgano siempre sucede a la necesidad de su existir. Un periódico o un partido no están exentos de esa imposición causal, por lo cual, para un sector específico de la sociedad, el uno sucede a la necesidad de expresar una opinión pública; y el otro, a la de canalizar su fuerza política en un liderazgo. Considerados así la opinión pública y el liderazgo, cada órgano informativo y cada partido representan estadísticamente modas ideológicas dentro de una sociedad. Hecha esta consideración, en verdad son, el uno, la opinión pública, y el otro, el liderazgo, de los grupos a los que corresponda la moda a la que se adscriben. De ahí, podemos deducir que la primera falacia en la que incurren ambos es la de atribuirse la identidad con todo el universo al que pertenecen.
Empero, suele suceder que el órgano explote esa identificación con el sector de la sociedad al cual se adscribe consumada en la consciencia de los miembros del sector y, dejando de ser el vehículo por el cual dicho sector exprese su opinión pública y canalice su energía política en un liderazgo, el órgano subordine a su opinión y a su liderazgo el sector. De ahí, la segunda de las dos falacias: que el órgano dicte la opinión pública y se atribuya el liderazgo.
Esto nos lleva a reconocer una opinión pública verdadera de la opinión pública presunta, que sería en realidad una opinión fabricada por el órgano, a pesar de lo cual el órgano la exaltará verdadera. Esta divergencia sería la razón de ciertos conflictos e inconsistencias. De la misma manera podríamos tratar el liderazgo.
Por estas consideraciones, el lector es el responsable último de la información que consuma.
Los lectores de La Jornada nos dicen qué es La Jornada, y construyen la ascendencia (quiero decir, su poder) de ella de manera análoga a como la propia La Jornada señala y construye el poder del Estado a través de la confrontación en la que lo reconoce con la capacidad de hacer e inmune.
Es inevitable que una selección de la correspondencia hacia La Jornada refleje el clima político del momento, de la misma manera que es imposible que las opiniones sobre un agente político no sean políticas, incluso en la mera alabanza del dicho agente. Por consiguiente, la decisión de publicar la correspondencia dirigida a dicho actor, que se considera una muestra representativa de la totalidad, pretende ser un instrumento político al elevar la credibilidad y la imagen del medio cuando refrenda que refleja los intereses de sus lectores, los atiende y les da participación, con lo cual adquiere un carácter vinculante estrictamente personal; al promover su imparcialidad mediante la publicación de juicios ostentosamente desfavorables, cuya refutación es lograda con la sóla publicación de ellos; y al producir, indirectamente, con el balance intencionado de la selección, una opinión pública. Por supuesto, no es una opinión pública real, tal y como considero el concepto; ni siquiera, como hemos visto, la de un sector de la sociedad: sólo es la opinión consensuada de quienes se atribuyeron encarnar la opinión pública, para la cual emplearon una selección dirigida de las opiniones del número de los lectores del periódico que sí escribió.
La Jornada dirigió la publicación de la compilación de cartas en 1999 a un público lector-elector que quiso motivar. Mas no se limitó a este objetivo. La Jornada convirtió esta convocatoria en un expediente para promover internamente una refundación no reconocida de sí misma, con la cual cancelar tácitamente varios compromisos de su declaración fundacional sin que ese acto pasase como autoritarismo de su dirección; entre ellos, la aspiración a la pluralidad, que aunque de manera superficial se asocie a la coexistencia de diferentes corrientes de opinión, en lo profundo se funda en un periodismo crítico y creativo, y en la no alineación bien a grupos políticos o económicos, bien a los poderes del Estado a cualquier nivel. Considerada así, la oposición de las opiniones dentro del epistolario tiene un significado respecto a la declaración fundacional de 1984. Debido a que la declaración fundacional fue preferentemente invocada como el instrumento para sustentar la crítica políticamente adversa, devino instrumento más útil a la oposición que a la dirección editorial, que impulsaba un replanteamiento, para entonces ya en marcha, de la política del órgano que no se puede considerar ajeno a la contracción de su mercado. Por ello, la selección epistolar también fue planeada para legitimar, en función de los destinatarios del periódico, una línea editorial cuestionada en 1999-2000, pues en el corpus prevalecen los remitentes que repudiaban la heterogeneidad ideológica, y que apoyaban la tendencia del periódico hacia la homogeneización ideológica y la asociación de las aspiraciones políticas de la sociedad con las del PRD, todo lo cual implica un repudio a la declaración fundacional. El periódico consumaba su tránsito de ser una singularidad dentro del periodismo mexicano a ser un periódico de partido.
Esta línea editorial, bien interpretada como censura, bien como radicalización, en tanto que no dirime la validez de las ideas por los méritos propios de ellas de manera exclusiva, sino por un apriorismo consistente en la identificación del más alto interés de la sociedad con un partido y con convicciones impuestas verticalmente dentro de un grupo que se atribuye ser, al unísono, rector político y opinión pública, implica la elevación sofística de lo particular a lo universal y se opone a la diversidad de ideas, o a las ideas diferentes. La pérdida de diversidad entraña el peligro de conducir a la mengua en los enfoques novedosos, innovadores, y creativos, y hacia el estancamiento, y, a la postre, a la pérdida del carácter revolucionario, pues ¿quién decide qué ideas se avienen o no?, ¿cuál es el límite entre cerrar la puerta a ideas diferentes y la anquilosis política?, ¿cómo prevenir el dogmatismo?, ¿qué ocurriría si el partido al que se le ha atribuido los más altos intereses y la voluntad genuina de la nación traicionase la esencia por la cual se atribuyó ese papel?
La eficiencia política de la antología epistolar es innegable, pero como se basó en el contrapuntismo y la formación de mayorías dentro del corpus epistolar, y la lectura guiada, o sustituida, por la presentación, no resiste un estudio riguroso. Pero este estudio entraña muchas dificultades.
El primer paso sería determinar si este producto es válido al acreditar la muestra sobre la cual se sostiene. Lamentablemente, no tenemos información fidedigna que nos sugiera cómo se llevó a cabo el proceso de selección. Para ello, haría falta, al menos, contar con el total de la correspondencia y el enunciado de los criterios sobre los cuales se constituyó la muestra, insisto. Pero el material publicado por La Jornada carece de ello. Luego, no es una publicación científica, ni pretende serlo. Este es el primer elemento que no permite acreditar el discurso político que constituye la propia colección de la correspondencia. Por estas deficiencias, la muestra ha sido rechazada como fuente seria de estudio por los investigadores.
En este punto, estaríamos estancados si no fuera porque, no sin esfuerzo, pudimos encontrar un medio para aprovechar la muestra al demostrar la presencia de indicadores estadísticos asociados al consumo general del periódico en México (género, urbanidad, distribución, densidad de consumo, y vía preferente de consumo) que me han permitido concluir que la muestra reúne en sí todas las cualidades que se aprecian en el universo al que pertenece y en proporciones admisible a las que en él aparecen, y, al contar con la propia estadística del proceso electoral de 2000, corregir el desvío ideológico intencionado que esta muestra padece. En efecto, las elecciones de 2000 descartaron que el balance de las preferencias ideológicas de la muestra publicada por el periódico hubiera sido representativa de la distribución de las preferencias ideológicas de la sociedad mexicana en el año de su publicación. La gran desviación de las proporciones que guardaba respecto a la verdadera opinión pública que se consagró en las urnas desecha que esta muestra pueda elevarse a expresión fiel de la realidad política mexicana de entonces y que, por consiguiente, pueda ascender a verdadera opinión pública pre-electoral entendida como consenso social, a diferencia de las elecciones de 2006, sobre las que se ciernen un poderosa y creíble sospecha de fraude.
La creciente importancia de las opiniones adversas dentro de la muestra sería la natural consecuencia de invertir el balance de las opiniones en ella para compensar el desvío ideológico que padece respecto al universo al que perteneciera. Con lo cual no niego que La Jornada sea acreedora de elogios, y esté coronada de méritos. Al respecto baste decir que el 33.55 % de los remitentes dedica, al menos, una frase de elogio a La Jornada. Pero sobre este punto no habría más que decir; ni este punto permitiría profundizar más en el conocimiento de nuestro objeto de estudio, sino aquellos otros que nos permitiesen problematizarlo. Sólo la problematización de La Jornada puede conducir a respuestas que aporten una verdadera descripción sobre sí misma. Por ello, tampoco podemos limitarnos al epistolario, pues forjaríamos una fantasía imposible, dentro de cuya burbuja se podrían tejer sentidos y verdades anacrónicas y ahistóricas sin posibilidad alguna de refutación debido a su propio aislamiento.
Empero, el recurso a estas opiniones podría levantar objeciones de otra naturaleza, dirigidas a refutar mis conclusiones al negar la credibilidad de los informantes. Esta es una objeción cuya solución obliga a apelar a quienes fueron responsables de preparar la muestra. Podemos adjudicar valor de verdad a la muestra pues Valadez la revisó, y descartó las contrarias a la verdad y las fingidas, que es el argumento sobre el cual Poniatowska construye la autenticidad y la validez del epistolario. De ello se desprende que si cuestionásemos las disidentes, recíprocamente pondríamos en duda las aquiescentes con La Jornada. En otras palabras, podríamos aceptar que nuestros informantes sean inexactos, pero no podríamos aceptar que sean perjuros. Gran parte de nuestra investigación tuvo justificación en la necesidad de independizarnos de los problemas que involucrasen la exactitud de los informantes.
El Mapa sugerido de difusión y densidad de origen de la correspondencia-consumo del periódico en México, en 1999, en conjunción con los testimonios de los remitentes, revela que, a pesar de hacer una cobertura de los eventos a nivel nacional, La Jornada era un periódico local (México, D. F.) cuya penetración en la periferia dependía del empeño de sus lectores; centrífugo, pues difundía la perspectiva informativa del centro político-cultural; y que, por su simbiosis con el partido gobernante en el D. F. desde 1997, además, difundía la perspectiva oficial del centro. Ergo, devenía un periódico oficialista, aunque, debido a que las otras entidades federadas no compartían el partido gobernante, ni compartido éste habrían de coincidir necesariamente en la perspectiva, el diario no devenía en la percepción de la periferia un diario oficialista.
Este centralismo que caracterizaba la perspectiva informativa de La Jornada alcanzaba su articulación. La primera sugerencia de este hecho se encuentra en que, aunque en 1999 ya existía La Jornada de Oriente, ni aumentó la representación espistolar, ni desaparecieron los reclamos en el área, de lo cual podría inferirse que la fundación de correspondientes locales no resolvía de manera inherente ni la necesidad de atención de la periferia, ni la comprensión de sus problemas. En un intento por profundizar en esta situación, ensayamos, como un estudio indirecto de la articulación entre el periódico y sus correspondientes locales, el examen de la organización del portal web de La Jornada y La Jornada de Oriente en el año 2000. El examen reveló una estructura centralizada y jerarquizada, vinculada con la UNAM. Esta estructura ha perdurado hasta el presente, a pesar de que el número creciente de las corresponsales locales tiene una gran apariencia de autonomía. Considerando que La Jornada se caracteriza por el autoritarismo de su dirección, la articulación que se nos revela entre sí y sus correspondientes locales nos prejuicia sobre la independencia de la información que emiten las segundas, lo cual valdría por sugerir que los enclaves locales no implican la adopción de una perspectiva local, sino una instrumentación más cercana del centro político en la periferia. Si a esto añadiésemos que La Jornada no ha roto con las prácticas políticas ya tradicionales de anular los contrincantes políticos, por lo cual no exhibe un comportamiento diferente al del PRI y al del PAN, y al de los medios noticiosos comprometidos con ellos, y que como empresa comercial recurre a los mismos expedientes que cualquier otro medio noticioso, queda en entredicho su liderazgo democrático.
Aunque el consumo vía el portal web de La Jornada habrá incrementado su importancia en proporción directa a la difusión del acceso asequible a Internet en México, como el mapa del consumo internacional del diario sigue las rutas de la emigración mexicana, cual se desprende de la correspondencia publicada en 1999, este mapa no debe de haber sufrido cambios significativos y debería sustentarse en el acceso web. Empero, de esta pseudo-internacionalización de La Jornada no se puede afirmar el consumo preferente, o exclusivo, de este diario como fuente de información sobre las noticias domésticas mexicanas o internacionales (emitidas desde una perspectiva mexicana). No es un principio insano asumir que todo lector privilegie las fuentes locales para informarse, con independencia de cuánto le agraden. Así el lector mexicano fuera de México, de lo cual la correspondencia contiene varios ejemplos.
La correspondencia nos describe el público lector de La Jornada. Se trata de un público lector principalmente urbano y masculino; que participa de un sentimiento de insatisfacción hacia las instituciones del Estado, y que aspira a la reforma o renovación de la Nación; cuya vía preferida de consumo del periódico era (1999), y es (2010), la forma impresa; y que escribe con frecuencia, por lo que en su interior se puede aislar un grupo conocido de personas, aunque no necesariamente de una manera personal. Este público está integrado por estudiantes pre-universitarios o universitarios, y profesionales; entre los últimos descollan docentes e individuos ocupados en actividades públicas.
Dentro de este público, podemos distinguir dos grupos: un público lector ideal, que se caracteriza por ser un público urbano, profesional, con cierta cultura, o pretensión de ella, y, por las expectativas de su consumo, burgués, con poder adquisitivo y con capacidad de ejercer el crédito, que, en el caso que nos concierne, la proyección política que sostiene lo identifica como el sector revolucionario de la burguesía mexicana, por lo cual puede presumirse que La Jornada misma constituye el núcleo de su público ideal; y un segundo grupo, de lectores adosados, que se compone de disidentes, de marginados, y de aquéllos que buscan en el periódico una fuente económica de conocimientos generales y de reafirmación en sus creencias, que, de manera paradójica, se atribuye ser el destinatario primario del periódico. Ambos grupos constituyen un mercado vasto, alimentado por la desconfianza hacia el gobierno.
La distinción de estos dos grupos revela la magnitud de la ascendencia del diario sobre la sociedad mexicana, pues, aunque en realidad es un periódico burgués, representa en la esfera informativa, como el PRD en la esfera de la acción política, a la burguesía revolucionaria capaz de ejercer el liderazgo de los sectores proletarios de la sociedad mexicana. En su capacidad de unir ambos grupos, La Jornada eleva hacia un nuevo nivel, social, su capacidad vinculante.
Una consecuencia de que La Jornada misma constituya el núcleo de su público ideal es su identificación con la opinión pública. Esto entra en conflicto con mi manejo del concepto, que trata la opinión pública como una moda estadística de las percepciones de una determinada clase social a la que se dirige la información, presentada en forma adecuada para que sus destinatarios la consuman, por lo cual frustra las expectativas de muchos lectores, mientras que la mayoría de ellos consumen el diario por esa misma razón, bien porque es para ellos una fuente y aspiración de cultura (en un sentido antropológico), lo cual implica la aceptación de la ascendencia magisterial del periódico; bien porque interpretan esta discrepancia en la formación de la opinión pública como una postura displaciente hacia el establishment, independiente y, ergo, no sobornada. Además, La Jornada es un periódico con muy poca publicidad, lo cual también le otorga un gran atractivo, y es interpretado por los lectores como una mayor independencia respecto a los grupos de poder económico; i. e. político. El seguimiento que ha hecho el periódico de los conflictos sociales ha parecido corroborar estas percepciones en los lectores. Sin embargo, hay varias razones para negar que La Jornada sea un periodismo independiente.
La Jornada y la UNAM, y La Jornada y el PRD sostienen una relación simbiótica. La Jornada está estrechamente vinculada a la UNAM por la gestión que hace la segunda de varios de los dominios y portales de Internet de La Jornada, partiendo por los del propio del diario; por el espacio para la publicidad contratado; y por aportar parte del público ideal. La Jornada está estrechamente vinculada al PRD a través de una proyección política compartida, porque ambos son órganos del sector revolucionario de la burguesía mexicana capaz de ejercer liderazgo sobre el proletariado mexicano; por la canalización de la primera al segundo de las empatías y fuerzas sociales; por el espacio para la publicidad política contratado; y por el espacio para publicidad gubernamental contratado por el gobierno del PRD en el D. F. desde 1997.
Ergo, se puede sugerir el siguiente concatenamiento:
proyección política – PRD – La Jornada – UNAM – público ideal.

La naturaleza exacta de los vínculos afirmados debe ser aclarada y precisada por otras vías.

Además, la percepción sobre las fuentes del financiamiento de La Jornada en 1999, como hoy, están equivocadas: Salvo durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, La Jornada ha dependido substancialmente del sector privado desde su origen; mayor que hacia sus socios ideológicos. También depende de la publicidad gubernamental, tanto federal, como del D. F. El argumento de Blanche Petrich sobre el derecho del periódico a tener publicidad gubernamental puede extenderse al derecho a tener publicidad del sector privado, por lo cual este argumento aporta y legitima el mecanismo para establecer compromisos con los poderes económicos y políticos “bajo cuerda”. Como consecuencia de esta relación, La Jornada mantiene sus opiniones dentro de un perfil que no implique una ruptura con el gobierno, el cual ha ejercido un control indirecto sobre el periódico a través del marco legal vigente y de la contratación de publicidad, y con sus intereses de clase (económicos), que vincula el órgano con el sector privado, que contrata la mayor cuota de publicidad, atraído por el mercado que concentra el periódico y que pone a su disposición. El gobierno del PRD en México, D. F., desde 1997, al compartir la proyección política (y con la subsecuente contratación de publicidad), garantiza para el diario un margen mayor de disidencia respecto al gobierno federal.

El seguimiento que ha hecho el periódico de los conflictos sociales revela que la relación que sostiene el diario hacia ellos es de comensalismo, pues La Jornada es, con los incrementos en su tiraje y la colocación de publicidad, la principal beneficiada, por lo cual su compromiso social se confunde con sus intereses económicos.

Esto nos obliga a acotar el concepto de izquierda. La definición que, consolidada ya hacia 1984, impera en México es que la izquierda se caracteriza por la crítica intelectual y periodística, que requiere para darse de independencia periodística, por la participación en los movimientos populares de demanda o de resistencia civiles, que reclamen equidad y justicia sociales, tolerancia, y aboguen por la educación pública, la libertad sexual, y por la vinculación a ONGs. Así parece haberla definido Monsiváis. Además, la disidencia del PRI en 1987 añadió a lo anterior el rechazo a la injerencia del Estado en los asuntos internos del partido y el reclamo por la autonomía, la determinación y la democracia partidistas. Pero ninguna de estas expresiones inherentemente expresan inconformidad con el orden socio-económico imperante.

Por analogía, ¿eran de izquierda los luchadores por los derechos civiles en Estados Unidos? Desde este horizonte tendríamos que afirmarlo. Esta respuesta, empero, entraña una falsificación de la realidad política. Hemos de examinar el concepto de izquierda más de cerca.

Históricamente, la oposición entre izquierda y derecha es el resultado de la aplicación de la teoría hipocrática del temperamento remozada a la descripción del temperamento político, por el psicólogo y sociólogo Eysenck, empleando dos ejes: una abscisa que opone las tendencias a la estabilidad y al cambio en relación con el orden socio-económico, y una ordenada, que opone, por decirlo en una palabra pero de manera imprecisa, compulsión y deber, que los políticos franceses al adoptar este esquema, de forma equívoca, sustituyeron por autoritarismo y democrático, respectivamente.

Amén de que el esquema representa polaridades ideológicas en cuanto a la conformidad con el orden socio-económico en el eje de la abscisa, el propio esquema muestra que cada extremo ideológico está en tensión entre sus manifestaciones impositivas y no-impositivas.

Luego, en México estamos ante una redefinición completa y desidelogizada del concepto, y que no contribuye a la comprensión de los vaivenes ideológicos, políticos, las disidencias y las crisis de liderazgo, porque encubre lo que de otra manera sería heterogéneo en homogéneo.

Por ello, esta investigación también nos ha colocado ante el espectáculo de cómo el sector revolucionario de la burguesía mexicana, representado por La Jornada y por el PRD, ha perdido paulatinamente ese carácter desde circa 1995. La elección de esta fecha es relativamente arbitraria, pues no existe un momento preciso en que de manera súbita se verifique esta transformación. Empero, desde entonces ya podemos documentar manifestaciones indelebles de un cambio profundo.

Esta pérdida la hemos rastreado en La Jornada a través de la falsa radicalización política que en realidad encubre una línea editorial autoritaria que coexiste, en tanto consecuencia, con la alteración de las relaciones entre la dirección de la empresa y sus trabajadores a través de una sutil reconcentración accionaria, la contracción del mercado del periódico, la dependencia hacia el sector privado, y la confusión de sus principios sociales con los económicos. En el PRD, la corroboración de este hecho se encuentra en los sucesos contemporáneos, entre los cuales destaca como un hito las elecciones de 2006. De ellas, el PRD emergió como la fuerza política más importante de la nación, sólo para escindirse entre dos grupos: uno, esencialmente radicalizado y comprometido con quienes apoyaron la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, y otro grupo que ha visto desbordarse sus límites de clase, e incapaz de aprovechar y asimilar la fuerza que por un accidente político encabezara, pues sería el suicidio de su naturaleza burguesa, por protegerla, en un contexto muy diferente al de otras alianzas históricas, ha forjado alianzas con otros partidos burgueses, PRI y PAN, al costo de sacrificar su carácter revolucionario. Algunas de estas alianzas podrían no materializarse. Empero, la propia aspiración a ellas revela la división dentro del partido, y dentro del grupo que las sustenta, la pérdida del carácter revolucionario y la incomprensión del verdadero valor democrático de la alternancia partidista en los puestos ejecutivos, por lo que dicho grupo sigue estancado ideológicamente en el año 2000. Además, la ausencia de convulsiones, o la naturalidad con la que se ha dado este proceso, sugiere poderosamente que este carácter revolucionario no sobrevivía más allá del discurso desde mucho tiempo ha. En otras palabras, no hay un suicidio de su carácter revolucionario pues este carácter revolucionario ya está muerto y sólo alienta en individuos aislados, vinculados o no al partido. Luego, el PRD no ha comenzado a descomponerse, sino a recomponerse como partido burgués.

El proceso que condujo a las recientes elecciones en Guerrero de 30 de enero de 2011 es un ejemplo de aislacionismo informativo y también ilustra, no sólo el carácter burgués del PRD, sino su naturaleza receptora de la disidencia del PRI. Es oportuno recordar que cuando las ambiciones de Ángel Heladio Aguirre Rivero de ser el candidato del PRI a la gubernatura de Guerrero fueron truncadas con el anuncio de que el candidato sería Manuel Añorve Baños, aquél se unió al PRD, que le dió la oportunidad de satisfacer su ambición personal. Ni La Jornada, ni La Jornada Guerrero, cuestionaron la migración, ni sus motivaciones. También es insoslayable la alianza de facto establecida entre el PRD y el PAN cuando el candidato del PAN, Marcos Efrén Parra Gómez, declinó a favor de Ángel Heladio Aguirre Rivero, quien acogió el programa de campaña de aquél.

La pérdida del carácter revolucionario no se expresa todavía de manera inconfundible en La Jornada debido a que los intereses económicos de ella se confunden con su compromiso social, pero por la ambigua neutralidad al informar sobre el PRD y sus alianzas con otros partidos burgueses sin manifestar una oposición contundente y firme contra ellas, y por las simpatías hacia el movimiento que encabeza Andrés Manuel López Obrador, que se podrían confundir con comensalismo, nos atrevemos a sospecharlo. Habría que esperar a las próximas elecciones de 2012, para verificar en las preferencias que manifieste La Jornada el deterioro ideológico.

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