domingo, 12 de febrero de 2012

La noche del 7 de febrero, &c.

La noche del 7 de febrero, Milenio Televisión divulgó un encuentro público de un candidato que aspira a ser la primera diputada "transgénero" a la legislatura del Distrito Federal.

El personaje aducía con insistencia que las razones por la cuales los ciudadanos debían votar por el PRD, o sea, por el orador, eran que dicho partido era el único que garantizaba la igualdad plena de los ciudadanos y que dicho partido se preocupaba por los "grupos minoritarios" (con lo cual quería decir homosexuales y discapacitados) y los representaba. Nunca aclaró el orador cuál era su calificación para aspirar a la curul.

"Vota por mí, soy «transgénero»."

Esa no es una razón eficiente, ni alguna virtud cívica, para solicitar el voto al elector.

Harina de otro costal es negar que alguien se lo entregue en pago de un argumento tan falaz. En verdad, recaudará algún voto.

Como él, los tres candidatos a la presidencia: "Vota por mí, soy «bonito»", dice uno. "Vota por mí, soy «mujer»", dice otra. "Vota por mí, soy «el pueblo»", dice el tercero.

A veces conviene simplificar los discursos para exponer la vanalidad de su contenido eviscerado.

Convendría que todo ciudadano antes de emitir su voto expusiese a sí mismo las razones por las que está convencido de la validez de su elección.

Yo no votaría por la vanidad de tener una primera mujer Presidente.

Tampoco por tener un Presidente que pose en las fotografías como un príncipe.

No comparto que haya una izquierda, o que un tercero se diga pueblo. Antes bien, es más razonable argumentar el voto en favor de Obrador de la siguiente manera, como expuse antes:
"[Obrador es] un candidato burgués que promovía (y aún promueve) vindicaciones sociales que se pudieran materializar dentro del propio proceso electoral y aparato político burgueses, en condiciones no revolucionarias, [...]" La Jornada para los lectores, enero de 2008 (revisada entre enero y abril de 2011), p. 128n. 271.
Hoy, en complemento a mis observaciones, añado que Obrador en las inminentes elecciones enfrentará las consignas que en su contra, aunque no de manera explícita, emitirá la Iglesia, gracias a las nuevas libertades que goza. La ascendencia de la Iglesia sobre los mexicanos, y, en particular, sobre las comunidades rurales, no puede ser subestimada.

Así instruye la Iglesia a sus fieles-ciudadanos:
«Cómo VOTAR
Para VOTAR como CATÓLICO hay que:

1. Decidirse a VOTAR y participar activamente en el proceso electoral.

2. Decidirse a dejar que la fe ilumine mis opciones políticas.

3. Informarse de la postura de los a [sic] candidatos.

4. Elegir primero según los 5 puntos “no negociables” de la Doctrina católica:

* NO al aborto. SÍ A LA VIDA.

* NO a la eutanasia, SÍ al AMOR para con nuestros ENFERMOS.

* SÍ al matrimonio exclusivamente como la unión entre un hombre y una mujer.

* NO a la manipulación genética que significa el sacrificio de un embrión humano, SÍ a la investigación con células madre adultas.

* NO a la clonación humana, sí al reconocimiento de la dignidad de la persona. Somos: únicos, irrepetibles e irremplazables.

5. Optar por un candidato que promueva políticas que alienten la justicia, la creación y distribución del bienestar de manera concreta y realista.

6. Optar por un candidato que respete las raíces católicas de nuestra cultura mexicana.

7. Optar por un candidato que promueva una sana coexistencia y cooperación entre la Iglesia y el Estado.

8. Optar por un candidato que se preocupe por la difusión de las virtudes


(Véase: http://www.votocatolico.com/como-votar/; negritas en el original. Hay estrategias de manipulación que se repiten invariblemente. Recuerdo un documento que antaño compartí.)

Duelo por las Leyes de Reforma.

Por eso, reflexioné antes sobre la llamada derecha (en realidad, la ultra-derecha) mexicana y su enraización en la sociedad de la siguiente manera:
"[…] la que hemos denominado ultra-derecha (pseudo-liberal), [...] tiende a ejercer mayor imposición (la historia interna del PRI sirva de ejemplo), a la militarización (la resolución de conflictos civiles por la fuerza militar), a delegar funciones del Estado en particulares, a ejercer el control político a través de autoridades informales (caciques), a la intimidad con la Iglesia católica, a la política hacendaria cuasi feudal, y a que sus miembros disfruten de privilegios grises contrarios al espíritu republicano, democrático y liberal que no suelen ser ilegales y que no pocas veces se asocian ideológicamente a la práctica de ciertos usos y costumbres en la base ciudadana que contradicen la igualdad de todos los ciudadanos y que minan el origen mismo de los derechos civiles. Por ejemplo, el sistema de cargos en los pueblos indígenas niega la igualdad jurídica de los géneros y compromete la separación del Estado y de la Iglesia, y la libertad de cultos, pues para ser un miembro pleno de la comunidad, membresía que exclusivamente se extiende a los varones, aquélla impone la rotación de ellos en el servicio de la Iglesia católica y exige que estén casados por la Iglesia. Todo lo cual margina a la mujer, que generalmente cumple las obligaciones contraídas por el varón, padre o esposo o familiar cercano, por lo cual ella también deviene un sujeto de tutela. Ese sistema de cargos coexiste con las autoridades políticas formales y suele entrar en conflicto con ellas, pues las segundas son una exigencia de un modelo de representación con el cual los miembros de la comunidad no se identifican plenamente desde los mismos requisitos y procedimientos de selección, por lo cual los liderazgos políticos formales e informales (fácticos) no suelen coincidir en las mismas personas, y quienes ocupen los formales carecen de verdadero poder vinculante; situación que se torna delicada y notoria cuando el cargo público ha recaído en una mujer. Ello hace productivas algunas prácticas simbólicas, cuales las transferencias de atributos de poder entre representantes de pueblos indígenas y candidatos de los partidos a los puestos ejecutivos federal o estaduales. Por dichas razones, el caciquismo, la misoginia, la falta real de libertad de culto, la persecución religiosa y el anti-laicismo son hechos inconstitucionales que perdurarán.

Esta reflexión se enlaza con la paradoja entre la justicia de los reclamos de las comunidades indígenas y la naturaleza política de ellas, de la cual se desprende la precariedad fundamental de las relaciones que se establezcan entre ellas y el PRD o Andrés Manuel López Obrador." La Jornada para los lectores, enero de 2008 (revisada entre enero y abril de 2011), pp. 125-126n. 263.
El día 9 de febrero, Proceso circuló la noticia de que Obrador querría, en caso de ser investido como Presidente, renombrar la Secretaría de la Función Pública como Secretaría de la Honestidad y Combate a la Corrupción, y colocar al frente de ella una mujer.

No creo que con el cambio de nombre la tal Secretaría cambie lo que es. Con un nombre u otro, y aún suponiendo que sea colocada a su cabeza una persona virtuosa, y dando por óptimas las normas y regulaciones que rigen la Secretaría, el cuerpo burocrático y operativo de ella está enfermo. Su naturaleza antitética pondría, en el mejor de los casos, en burla el nombre. También podría entregar a los oponentes un elemento más en que cebar los ataques. Comparto la opinión de que el éxito de la empresa depende de algo más que de un nuevo liderazgo, de un nuevo nombre y de una difícil depuración. Pero también advierto que no puede ser desechada la estructura sin producir el vacío de una función del Estado, y la erección de una nueva estará acompañada de omisiones y de errores, consusbtanciales a su formación, que podrían comprometer el funcionamiento apetecido.

En caso de que Josefina Vázquez Mota llegase a la presidencia, conviene recordar que es más castizo decir "la" Presidente, y preferible no por gusto, sino para no caer es frases ambiguas o inexactas, como la de Madero, cuando afirmó el 10 de febrero, ante toda la militancia partidista convocada, su seguridad que con la candidata pondría el PAN "otra Presidenta" de México, cuando nunca la ha habido del género femenino.

Rainer Hurtado Navarro.